Acerca de estos delirios

Acá voy a escribir lo que quiero y en la medida en que tenga ganas... No crean que es el blog de García Márquez o de un ganador del Pulitzer; simplemente son cosas que se le ocurren a alguien a quien le gusta compartir. Al que le guste que lea, y al que no, no importa. Nadie se va a morir por no hacerlo... Después de todo lo mío es la radio che!!!

martes, 12 de mayo de 2009

El juego de los siete errores

Desde chico fui un gran lector. De revistas infantiles primero, luego historietas, más tarde libros, diarios y ahora Internet. Leía de todo y sentía una gran predilección por las revistas de juegos y los entretenimientos de los diarios. Uno de mis pasatiempos era EL JUEGO DE LOS SIETE ERRORES. ¿Quién no lo jugó alguna vez? Aquellos simpáticos cuadritos paralelos en los que uno tenía que fijar bien la vista y encontrar pequeñas diferencias entre uno y otro. A veces era una pestaña un poquito más grande en el dibujo de la derecha que en el de la izquierda, un dedo de la mano al que le faltaba una uña o una pequeña arruga en el pantalón, inexistente en el cuadro vecino. No por ello me considero digno ser comparado con Albert Einstein, pero digamos que, en líneas generales, siempre me fue bien con estos divertimentos. No seré inteligente pero al menos soy observador…

En los últimos tiempos la vida cotidiana me ha impuesto, como a la mayoría de mis compatriotas, un desafío que no he podido resolver. Si me colocan una montaña de MIERDA (bosta de vaca, chancho, o preferiblemente humana que es más hedionda) y un político argentino al lado, sencillamente no sé identificar cuál es cuál. El hedor que desprenden los dos y la repugnancia que me causan es la misma, por lo que me es muy difícil distinguir uno de otro. Cuando volvió la democracia en 1983, yo me sentía orgulloso de votar por primera vez y creía que todo iba a mejorar. Lentamente mi decepción comenzó a crecer y en los últimos años cayó irremediablemente y a una velocidad increíble por un precipicio. Es cierto que la Democracia es el mejor medio de organización que tenemos, con sus defectos y todo, y que nunca más debemos perderla, pero con eso alcanza….

En poco menos de un mes tenemos elecciones legislativas en el país y lo que se ha visto hasta ahora es vergonzoso. Argentina se ha convertido, por obra y gracias de nuestros políticos, en algo así como “La Isla de la Fantasía”. El lugar en dónde los sueños más disparatados e imposibles se hacen realidad; un país donde la Presidente (Presidente, no PresidentAAAAAA y no por una cuestión de machismo sino porque el cargo no tiene género; no es ni masculino ni femenino) no le dirige la palabra a su Vice porque este tuvo la “osadía” de votar una vez en contra, para salvar las papas que se le estaban quemando al mismo gobierno por su total inacción; un país donde el esposo de la Presidente, que no es más que eso, el esposo de la primera mandataria, se da el gusto de manejar la política nacional a su antojo, haciendo quedar a la Jefa de Estado ante la opinión pública como un títere, cosa que todos sabemos pero al menos esperamos un poco de disimulo; un país donde un millonario como De Narváez se puede gastar un millón de pesos diarios en su campaña electoral y no sabemos para qué; un país con dirigentes radicales que después de incendiar al país tienen el tupé de decir qué es lo que hay que hacer y cómo; un país en el que Carmen Nebreda, de amplia trayectoria gremial en representación de los docentes, rechaza un ofrecimiento diciendo que no iba a participar en política y días después acepta la jugosa oferta del oficialismo; un país en el que alguien puede estar con Menem, después con Duhalde, luego con Néstor Kirchner, más tarde con Cristina y ahora irse para otro lado como si tal cosa; un país con un gobierno que tranza con los sindicalistas, que en vez de defender a sus trabajadores luchan por obtener privilegios personales, y a la primera de cambio le dan la espalda; un país en el que un petizo bocón se pasó cuatro años peleano con el gobernador en vez de hacerse cargo de los problemas de la ciudad de Córdoba…. Un país que ni Ray Bradbury hubiera imaginado…

Se acercan las elecciones y no quiero votar. Lo más probable es que me haga el boludo y me vaya de paseo por ahí para aprovechar mi tiempo o que meta un pedazo de papel higiénico en el sobre para que se limpien el orto. Eso sí, limpio, porque soy una personas de bien. Esto tendría que ser una fiesta pero no lo es. No estoy dispuesto a hacer el sacrificio enorme de perder cinco minutos de mi tiempo y caminar tres cuadras para regalarle mi voto a alguien que sé, que sí o sí me va a cagar. Porque de eso se trata; vote al que vote me va a cagar igual. Nuestros políticos son muy consecuentes: siendo ellos una verdadera y real cagada, van a cumplir con su designio histórico y nos van a cagar una vez más. Me duele pensar así pero no lo puedo hacer de otra manera, por más que quiera. Y ya que estamos con los temas escatológicos: ESTO SE VA A LA MIERDA!!!!!!!!!!!!!

“Los pañales y los políticos son iguales: hay que cambiarlos todos los días… Y por la misma razón” (Bernard Shaw)












viernes, 3 de abril de 2009

¡¡Adiós presidente Alfonsín!!!!!!!

Pocos meses después de haber terminado la escuela secundaria, un domingo volví a las aulas del Instituto Secundario Bernardino Rivadavia de Villa María. A ese mismo edificio que me había recibido los cuatro años de edad y que me despidió a punto de cumplir los dieciocho. Llevaba en mis manos un inmaculado DNI y en el alma una sensación única. Iba a votar por ¡primera vez!

Ingresé a la mesa dos y puse la boleta número 3 de la Unión Cívica Radical en el sobre que momentos antes me había entregado el jefe de mesa. Yo también quería ser jefe de mesa pero no sabía cómo hacerlo; quería ser importante en un momento tan trascendental. No pude y me contenté con depositar el sobre en esa urna que todavía era de madera y que, gracias a Dios y contradiciendo a Galtieri, ya no estaba “bien guardada”. La fórmula presidencial era Raúl Alfonsín – Víctor Martínez. Para la gobernación de Córdoba los elegidos eran Eduardo César Angeloz y Edgardo Grosso, y el candidato a intendente de Villa María, el contador Horacio Cabeza. Esa mañana me sentí importante y a la noche festejé junto a mi padre, un radical de alma que lloraba como un chico. Como había llorado cincuenta años antes con el derrocamiento de Irigoyen. Yo, había contribuido con mi primera votación, al restauramiento de la democracia.

Pero la vida real no es la que uno sueña. Alfonsín no terminó su mandato y todo era un caos. Llegó Carlos Menen y tras un período de aparente bonanza, nos dimos cuenta de que no todo lo que relucía era oro. De la Rúa daba nueva esperanzas y lo suyo no pudo ser peor. Cinco presidentes en una semana y la cosa parecía ir de mal en peor. Después llegó Duhalde para poner un poco de orden y Kirchner pareció tranquilizar la situación; pero sólo pareció. Ahora Cristina…

Pasó el tiempo y mi desilusión con la clase dirigente y con la política fue en aumento. La emoción y alegría por el triunfo de Alfonsín poco a poco fueron desapareciendo. Me sentía defraudado porque había huido ineptamente, porque había tranzado con Menem y porque “había sido un desastre”. Después, la angustia fue in crescendo a medida que se sucedían los gobiernos; no había políticos honestos en los que creer. Tardé un tiempo en comprender que Alfonsín, es mismo que me había desilusionado, había hecho algunas cosas y no había hecho otras, pero todo lo había hecho con honestidad. Después entendí que había renunciado a ideas y principios en pos de la unidad y el bienestar del país. Me di cuenta de lo doloroso que debe haber sido para él aquella Semana Santa, y que era preferible que Carlos Menem fuera reelegido una vez antes de que se perpetuara en el poder.

Pasaron los años y muchas cosas cambiaron. El país, cambió, la gente, la clase dirigente y yo… Nunca más volví a sentir aquella misma emoción de la primera vez. Si hoy voto por Juan, es pura y exclusivamente para que no gane Pedro. Estoy cansado de votar siempre por el mal menor. Mi documento está lleno de sellos y cada vez que lo miro pienso de qué sirvió haber votado tanto.

Alfonsín murió, y ahora comprendo que definitivamente se fue uno de los últimos que me podía hacer pensar distinto. Se fue alguien que creía que la política honesta era posible. Yo no creo lo mismo. Para mí, al menos hoy y en este país, son términos antinómicos.

El pueblo lo despidió como él se merecía. Yo hice mi oración, pero ya no quiero ser presidente de mesa.

Chau Alfonsín...

Pocos meses después de haber terminado la escuela secundaria, un domingo volví a las aulas del Instituto Secundario Bernardino Rivadavia de Villa María. A ese mismo edificio que me había recibido a los cuatro años de edad y que me despidió a punto de cumplir los dieciocho. Llevaba en mis manos un inmaculado DNI y en el alma una sensación única. Iba a votar por ¡primera vez!

Ingresé a la mesa dos y puse la boleta número 3 de la Unión Cívica Radical en el sobre que momentos antes me había entregado el jefe de mesa (yo no soy radical). Yo también quería ser jefe de mesa pero no sabía cómo hacerlo; quería ser importante en un momento tan trascendental. No pude y me contenté con depositar el sobre en esa urna que todavía era de madera y que, gracias a Dios y contradiciendo a Galtieri, ya no estaba “bien guardada”. La fórmula presidencial era Raúl Alfonsín – Víctor Martínez. Para la gobernación de Córdoba los elegidos eran Eduardo César Angeloz y Edgardo Grosso, y el candidato a intendente de Villa María, el contador Horacio Cabeza. Esa mañana me sentí importante y a la noche festejé junto a mi padre, un radical de alma que lloraba como un chico. Como había llorado cincuenta años antes con el derrocamiento de Irigoyen. Yo, había contribuido con mi primera votación, al restauramiento de la democracia.

Pero la vida real no es la que uno sueña. Alfonsín no terminó su mandato y todo era un caos. Llegó Carlos Menen y tras un período de aparente bonanza, nos dimos cuenta de que no todo lo que relucía era oro. De la Rúa daba nueva esperanzas y lo suyo no pudo ser peor. Cinco presidentes en una semana y la cosa parecía ir de mal en peor. Después llegó Duhalde para poner un poco de orden y Kirchner pareció tranquilizar la situación; pero sólo pareció. Ahora Cristina…

Pasó el tiempo y mi desilusión con la clase dirigente y con la política fue en aumento. La emoción y alegría por el triunfo de Alfonsín poco a poco fueron desapareciendo. Me sentía defraudado porque había huido ineptamente, porque había tranzado con Menem y porque “había sido un desastre”. Después, la angustia fue in crescendo a medida que se sucedían los gobiernos; no había políticos honestos en los que creer. Tardé un tiempo en comprender que Alfonsín, ese mismo que me había desilusionado, había hecho algunas cosas y no había hecho otras, pero todo lo había hecho con honestidad. Después entendí que había renunciado a ideas y principios en pos de la unidad y el bienestar del país. Me di cuenta de lo doloroso que debe haber sido para él aquella Semana Santa, y que era preferible que Carlos Menem fuera reelegido una vez antes de que se perpetuara en el poder.

Pasaron los años y muchas cosas cambiaron. El país, cambió, la gente, la clase dirigente y yo… Nunca más volví a sentir aquella misma emoción de la primera vez. Si hoy voto por Juan, es pura y exclusivamente para que no gane Pedro. Estoy cansado de votar siempre por el mal menor. Mi documento está lleno de sellos y cada vez que lo miro pienso de qué sirvió haber votado tanto.
Alfonsín murió, y ahora comprendo que definitivamente se fue uno de los últimos que me podía hacer pensar distinto. Se fue alguien que creía que la política honesta era posible. Yo no creo lo mismo. Para mí, al menos hoy y en este país, son términos antinómicos.

El pueblo lo despidió como él se merecía. Yo hice mi oración, pero ya no quiero ser presidente de mesa.

viernes, 27 de marzo de 2009

Liza Minelli: Tan chiquita y tan gigante

Lo de anoche fue sencillamente maravilloso. Mi escasa actividad laboral de los últimos años ha menguado considerablemente mis ahorros, y con ellos se fueron las posibilidades de ver espectáculos y viajar como en otros tiempos. Pero hace unos días, cuando me enteré de que ella vendría a Córdoba, cerré los ojos, rompí el chanchito, gasté los últimos morlacos que me quedaban y compré una de las mejores entradas que podía para ver a Liza Minelli.¡Qué tanto! Después de todo me lo merecía ¿no? Y la verdad… es que no me arrepiento.

El primer recuerdo que tengo de ella es de cuando yo era muy chico. Mi memoria evoca de aquellos días a mi padre llorando emocionado con una esa diminuta mujer de ojos bellísimos. Yo por cierto no entendía nada de nada y decía que no me gustaba “la cosa esa…” y que no sabía qué le podía ver. Por suerte el tiempo pasa, y algunos tratamos, en lo posible, de mejorar en algunos aspectos, de crecer y aprender medianamente a distinguir, lo bueno de lo malo. De más está decir que hoy no pienso igual que en aquellos años. Eso quiere decir que no viví tan al pedo entonces.

No soy crítico musical como para analizar el recital de anoche, ni decirles que el espectáculo comenzó con la cantante interpretando tal o cual o canción… Sí puedo decir que desde el momento en que puso un pie en el escenario, supe que sería una noche de aquellas. Chiquita como uno ya sabe que es, vestida completamente de negro, con brillos y una excelente voz, de pronto me encontré casi al frente de esa mujer que tantas veces había visto por televisión. Y lucía igual, con una energía y una voz envidiable para alguien que ha sabido de los excesos de las drogas y el alcohol y ha tocado de verdad, el fondo. Con un derrame cerebral a cuestas, operaciones de rodilla y cadera que pusieron en duda su posibilidad de seguir actuando, se prodigó minuto a minuto. Pese todo bailó; no como antes pero bailó, y aquí viene la primera lección de grandeza: con sus 63 años recién cumplidos, todos los días toma clases de baile. La respuesta que da ella al periodista incrédulo que la interroga es la más elemental: “Hay que mantenerse en forma y a mi edad si me siento no me levanto más.” ¡Chupate esa mandarina! Cuántos artistas que se creen en la cima tendrían que seguir el ejemplo. Por si todo eso no alcanzará, pidió disculpas por no poder bailar como lo hacía antes.

¿Qué canciones cantó? Ni idea, pero tampoco me importa porque no es necesario saber sus nombres para disfrutar y emocionarse. Contó la historia de cada canción en inglés, pero uno es medio nabo para los idiomas… Pero eso fue lo de menos porque les aseguro que se entendía igual lo que quería expresar. ¡Una maestra! Eso sí, cuando cantó Cabaret y New York New York, yo caminaba por las paredes. ¿Usted no hubiera hecho lo mismo? Con esta última canción cerró el recital, acompañada de una orquesta de aquellas. De esas que veíamos en las películas, con doce tipos bien vestidos (lo que demuestra que para ser artista y talentoso no es necesario ser mugriento) de impecable traje negro con moñito, tocando piano de cola, contrabajo, trombón, clarinete, batería y no sé que máas… Se despidió agradeciendo y ya sabemos como son estas cosas. Al primer aplauso ya estaba lista el bis de rigor, sólo que en esta ocasión acompañada únicamente por su pianista. Una delicia.

Las luces se volvieron a encender y la gente comenzó a salir. Muchos seguíamos aplaudiendo y algo me dijo que me quedara 5 minutos más, total… ¿qué podía perder? ¡Gracias Diosito por iluminarme! Al rato, mientras la gente estaba caminando y charlando y el estadio tenía todas sus luces encendidas, volvió al escenario. Pero sin músicos ni traje de gala… Con un pantalón joggin negro y una remera grandota de esas que uno usa para arreglar las plantas del jardín, toda despeinada, sin maquillaje ¡¡¡¡¡¡y en patas!!!!!!!!!! Así, como si estuviera, en el living de su casa nos regaló un bonus track y a capela!!!!!!!!! ¿Para qué decir más? Mientras escribo estas líneas vuelvo a emocionarme y salgo corriendo a guardar diez pesos. Es que acabo de empezar a juntar plata por si cumple su promesa de volver el año que viene.
(Las fotografías son tomadas de laedición digital del diario La Voz del Interior www.lavoz.com.ar)

jueves, 12 de marzo de 2009

Qué pena la del mar

¡Qué pena la del mar! ¡Si señor! Aunque el mar no hable, aunque no lo exprese de ninguna manera, el mar tiene una pena. Una pena larga y eterna desde el momento mismo de su nacimiento. Desde aquel instante preciso, en que en el tercer día de la Creación Dios dijo: “Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme. Y así sucedió. Dios llamó Tierra al suelo firme, y Mar al conjunto de las aguas”. Desde aquella imagen genésica, el mar tiene una pena…

El mar tiene pena porque ama el fluir, el ir y venir, el estar y el no estar, el ser y ya no ser. El es y está siempre allí, en el mismo sitio. Tiene vida pero no tiene vida… Los peces y las plantas tienen vida en su seno pero no él, que no puede decidir a dónde ir. Da vida pero no vive a su antojo. La decisión divina lo confinó hasta el fin de su existencia a ser una masa gigantesca de agua y sal que permanece donde no quiere estar. Una inmensidad de diminutas gotas de H2O y sal contenida por las costas de los países. Cuando el mar sale de paseo, luego de mucho andar haciendo olas, llega a extrañas playas, acantilados o lo que sea, pero no mucho más lejos que eso. Le guste o no le guste, está encerrado entre cuatro paredes imaginarias. Tal vez con suerte encuentre un golfo, un fiordo o un estuario, como para adentrarse y curiosear un poco más en busca de nuevas aventuras. Pero pronto, con ganas o sien ellas, el mar volverá a su seno. Volverá a ser mar. Cada tantas horas se retirará un poco de la orilla para luego volver. Hasta allí su diversión. El mar no puede ir donde quiera, por eso el mar esta triste y tiene una pena.

Quisiera ser como sus parientes, los ríos, esos ríos que van y vienen por el planeta todo. Ellos sí que son libres. ¡Cómo los envidia! Nacen en un lugar y mueren en otro. A veces recorren pocos kilómetros y otras… ¡ahhh otras cómo viajan! Ahí lo tienen al Nilo, con sus casi 7 mil kilómetros, que es tan largo y majestuoso que nadie sabe a ciencia cierta dónde nace. A su paso fertiliza los campos africanos y lleva vida en su simiente. Y qué me dicen del Volga con sus famosos barqueros… El Amazonas que se interna en la selva inexplorada ofreciendo a los aventureros el sabor único de lo desconocido. Y el Danubio, y el Rhin, y El Mississippi, y el Río de la Plata, que con sus hermanos Uruguay y Paraná trae vida desde la América profunda y hasta se da el gusto de visitar al Mar en las costas de Buenos Aires... ¡Si no fuera por su primo que no tiene nada de plateado, qué solo estaría el Mar! ¡El Tévere si que tiene historia! ¿Cuántas veces Julio César, Marco Aurelio o Trajano se habrán bañado en sus aguas, haciéndolo, para bien o para mal, testigo de sus secretos. ¿Acaso no habrá calmado la sed del pobre Pablo, cuando despreciado y perseguido por los romanos, llevaba sin descanso la palabra de Jesús, por las calles de la capital del Antiguo Imperio? Llega del Norte, cruza por el centro de la ciudad y luego parte en busca del Tirreno, dejando como recuerdo a la pequeña Isla Tiberina. Tan insignificante que parece y sin embargo, el imperio más grande de la historia bebió de sus aguas. Hay ríos majestuosos y otros que apenas tienen unos pocos metros de ancho. ¡Pero todos son libres! El Mina Clavero y el Panaholma luego de su cópula escandalosa dan vida al Río de los Sauces y ahí siguen, como si nada….
Así son los ríos, vida pura. Tienen vida y dan vida. Vida a la vida que llevan en su vientre, y vida a los pescadores que con él se ganan la vida. Todo es vida. Ellos sí que son felices.

En cambio el mar… el pobre y viejo mar, no sale de su inmenso cubículo por más que quiera. NO es libre para decidir. NO puede salir de acá para llegar allá, pasando por aquel lugar tan lindo… Es cierto que da vida a los peces que lo pueblan, pero también da muerte y eso es muy triste. Allí tienen a los pescadores del Andrea Gail por ejemplo, y están los pobres marineros del Kursk en las heladas aguas del Mar de Barents. ¿Cómo olvidar a los inocentes del Titanic y a los miles de marineros y piratas hundidos junto a sus galeones, carabelas, goletas y bergantines. Son muchas muertes las que pesan sobre él y no es fácil soportarlo. Por eso el mar tiene cada vez más dobladas sus imaginarias espaldas; el peso de tanta destrucción es enorme. Pero así es su vida y no puede escapar ni a su cárcel geográfica ni a su destino.
Así será por siempre y para siempre.
Por eso el mar tiene una pena en el alma de los mares.

jueves, 26 de febrero de 2009

Cosquín goza de buena salud

Antes de que pase más tiempo, quiero dejar mi impresión acerca de la última edicion de tan querido festival.

En poco menos de un año, Cosquín será una fiesta; como siempre, pero más… Cuando los primeros fuegos artificiales de la noche inaugural de la edición 2010 rompan el aire en mil astillas multicolores y el locutor pegue su consabido grito, el festival comenzará los festejos cumpleañeros y muchos dirán que 50 años no se cumplen todos los días. Tendrán razón.

Casi 50 años han pasado desde aquel 21 de enero de 1961, en que Roberto Smider diera la señal para decirle al público que el Primer Festival Nacional de Folklore de Cosquín estaba en marcha. Casi medio siglo en el que las polémicas se han repetido incesantemente. Si tal o cual artista debe estar; si debe haber otra música que no sea folklore en el escenario; si lo que hace este o aquel artista es o no folklore; si se ha desvirtuado la música criolla en pos de la modernidad; si se le puede pagar a Fulano de Tal lo que pide; si el cantor de moda debía o no cantar más tiempo del que le dieron; si los conductores del festival están o no acordes a la envergadura del evento; artistas que se enojan por no estar en horario televisivo y otros que reclaman porque nunca son convocados. Siempre hay motivo para la discusión.

Es imposible conformar a todos y eso es sabido, pero la reciente edición del festival dejó a la mayoría con la sensación de que “algo está mejorando”. En realidad esta es la percepción que muchos han tenido ya en los últimos años. Son numerosas y excelentes las propuestas en los distintos espacios culturales, ya sean espectáculos callejeros, las muestras de diversos tipos, conferencias, presentaciones de libros, talleres y demás. Y desde lo estrictamente musical, se pede advertir la firme vocación de las autoridades por lograr un festival que ofrezca nuevas posibilidades a los artistas desconocidos que hay a lo largo y a lo ancho del país, sin perder por ello la calidad. Si hace algunos años decíamos que al escenario “subía cada uno…” hoy la cosa ha cambiado.
A los consagrados de siempre, se suman los nuevos valores que año a año se van consolidando, como Mariana Cayón y Los Huayras, elegidos Consagración 2009, o la santafesina Mariel Trimaglio, dueña de una voz y una simpatía envidiables. Excelentes propuestas hemos podido apreciar en esta edición número 49, aún de aquellos músicos desconocidos para la mayoría del público, aunque no por ello exentos de calidad y trayectoria. Nombres como Algarroba.com, Fulanas Trío, Tubo Moya, Rudi y Nini Flores (radicados en Francia), Alma de Luna, Lucía Ceresani son algunos de los que sorprendieron muy gratamente, pese a no ser de los que suenan en las radios todo el día


Otra cosa para destacar, es la definitiva vuelta al festival de las delegaciones provinciales, y la presencia en el escenario mayor de figuras como Pocho Sosa, Mario Bofil o Mariano Fretes, que aún no alcanzan la dimensión nacional que su arte merece. Increíble es el caso de Ramón Ayala, que aunque parezca mentira pisó el Atahualpa Yupanqui por primera vez en su carrera.

La discusión seguirá. En lo personal creo que para el cincuentenario no pueden faltar Orlando Vera Cruz, Zamba Quipildor, Omar Moreno Palacios, Alberto Merlo, Dúo Socavón, José Larralde, Los Trovadores de Cuyo, Suma Paz, Los Cantores de Quilla Huasi y tantos otros. Más allá de todo, creo que el Festival Nacional de Folklore de Cosquín se ha recuperado y goza de buena salud. Y nuestro folklore también.



Fotografía tomadas del sitio oficial http://www.aquicosquin.org/

miércoles, 4 de febrero de 2009

Insoportables eufemismos

Sueño con un mundo en el que no haya afroamericanos ni hombres de color, sino negros. ¿Acaso el negro no es un color después de todo?
Un mundo en el que los ciegos puedan andar por la vida alegremente diciendo “soy ciego”, sin que los imbéciles digan “no, vos sos un no vidente”.
Sueño con un mundo en el que los enfermos mentales sean internados en un manicomio y no en un centro psiquiátrico; los delincuentes sean alojados en las cárceles y no en establecimientos penitenciarios, y una vez allí sean presos y no reclusos o privados de la libertad. Un mundo en el que las guerras sean guerras y no intervenciones militares y que arrojen, muy a pesar mío, víctimas civiles en vez de daños colaterales… Por terrible que pueda parecer, prefiero las torturas a los métodos de persuasión, y los golpes de Estado a los pronunciamientos militares.
Me gustaría ver un mundo en el que un hombre pueda tener una pareja y no una acompañante, que en sus actividades sexuales juguetee con su pene y no con el miembro viril. Que si Dios la bendice con el regalo de la vida, quede embarazada y no encinta y que nunca, por ninguna circunstancia practique un aborto, y muchos menos interrumpa el embarazo. Deseo que si ese hombre no tiene a nadie a su lado y quiere pasar un buen rato con una mujer, que vaya a La Cañada y se busque una buena puta en lugar de una trabajadora del oficio más antiguo del mundo. Y si quiere, que vea películas pornográficas que son mucho más interesantes que las que tienen contenido para adultos.
Sueño un mundo sin hipocresías de ningún tipo y dónde no tengamos miedo de llamar a las cosas por su nombre. Espero llegar a viejo sin ser un venerable anciano. Eso sí, no quisiera ir nunca a un hogar para la tercera edad ni a un triste geriátrico. Prefiero decir que tengo que ir al baño, sin mayores explicaciones, que informar que debo ir de vientre o a evacuar. También les aseguro que es más sabroso ser gordo que relleno o entrado en carnes.
No sé cómo será mi final. Tal vez un día se me declare un cáncer, lo que es infinitamente mejor que una penosa larga enfermedad… ¿Se imaginan lo fiero que debe ser estar tres años con sarampión, rubéola o varicela sin poder rascarse….??? No sé cómo será ese día. Sólo sé que no voy a expirar; tengo la certeza de que moriré.

Por fin entonces, podré desprenderme de estos horribles eufemismos.