Acerca de estos delirios

Acá voy a escribir lo que quiero y en la medida en que tenga ganas... No crean que es el blog de García Márquez o de un ganador del Pulitzer; simplemente son cosas que se le ocurren a alguien a quien le gusta compartir. Al que le guste que lea, y al que no, no importa. Nadie se va a morir por no hacerlo... Después de todo lo mío es la radio che!!!

viernes, 23 de octubre de 2009

Ojos cansados

Tengo los ojos cansados de ver tanta miseria;
de la material y de la otra,
la peor, la que no tiene cura ni esperanza:
¡¡¡La del alma…!!!
Tengo los ojos cansados de ver niños hambrientos,
de caras sucias y porvenir incierto.
De padres desocupados y doloridos
por no llevar un plato de comida a la mesa familiar.
De madres desesperadas y abatidas por la impotencia.
Tengo los ojos llorosos de ver mendigos
renunciando, obligados por las circunstancias infames,
a su dignidad por un pedazo de pan.
Tengo los ojos llorosos de ver hombres honestos
que rifan su hombría de bien con un arma,
buscando el sustento familiar.
Tengo los cansados de ver ancianos abandonados,
olvidados en algún depósito de viejos
después de una vida de trabajo, entrega,
sacrificio y amor…
Tengo los ojos cansados de ver a los jubilados
muriéndose de frío en las heladas mañanas del invierno,
para cobrar dos pesos con cincuenta,
como único pago por haber hecho grande al país.
Tengo los ojos cansados de ver a nuestros hermanos tobas
abandonados a la buena de Dios en medio de la indigencia;
a nuestro Norte sufriendo sequías, inundaciones, miserias,
y, después de recibir la dádiva del gobierno de turno,
caer nuevamente en el olvido.

Tengo los ojos cansados de ver a nuestros gobernantes
Usufructuando el inmerecido título de “Señor” o de “Señora”…
preocupados en su bienestar personal, en “la disciplina partidaria”,
en llenar sus bolsillos mientras duran sus mandatos,
y asegurar sus futuros a costa del sacrificio del pueblo.

Tengo los ojos cansados de ver a un país maravilloso como este,
hecho mierda por esos delincuentes que se amparan en el voto popular,
como si eso les diera el derecho de jugar con nosotros a la ruleta rusa,
como si fuéramos fichas descartables en el casino de la vida..

Tengo los ojos cansados y, lo que es peor…
me temo que ese cansancio
baje hasta el corazón.

Cristián

martes, 6 de octubre de 2009

Desordenado resumen de ideas

Hace tiempo que quiero escribir algo ya que tengo bastante abandonado el blog. Cuando comencé con esta tarea me puse la misión de hacerlo con la sola intención de no perder el hábito de la escritura; si alguien lee o no lo que aquí expreso, es otro cantar. A mí me interesa pensar algo, darle forma y publicarlo, a modo de mera “gimnasia intelectual”. El mate, como los músculos del cuerpo humano, se atrofia si no se usa. Se perfectamente cuál es mi grado de incapacidad en estos momentos para salir corriendo ante una emergencia; no quiero que me ocurra lo mismo el día que tenga que escribir “denserio” como dicen los pibes.

Si bien siempre tengo la intención de sentarme frente a mi PC, las fuerzas son las que huyen despavoridamente en sentido contrario, ante la menor iniciativa de mi pensamiento. A decir verdad son tantas las cosas malas y las pálidas que vivimos diariamente los argentinos de hoy, que termino cambiando de idea prontamente. Insisto, estos escritos no tienen por finalidad ser leídos por nadie más allá de algún amigote de buena voluntad, pero tampoco es lógico llenar de mala onda el ciberespacio; por eso me he resistido durante tanto tiempo. Sin embargo, he decidido llenar de aire mis pulmones, juntar un poco de coraje, o mejor dicho de ganas, apoyar mis asentaderas sobre la silla de cuerina anaranjada que me dejó de recuerdo mi amigo el Negro Medina, y comentar algunas ideas que me dan vueltas en la cabeza desde hace tiempo. Vendría a ser algo así como un vómito del espíritu que necesita sacarse de adentro esas cosas que no tienen nada de nuevo y que sin embargo nos enferman cada vez más.

Decía hace un tiempo en uno de mis programas de radio, que cuando parecía que la normalidad volvía a nuestras vidas, luego de azuzarnos durante el verano con el dengue, la gripe llegó de visita desde la tierra de Moctezuma. Se dijo esto y aquello; que no pasaba nada y que era muy peligrosa; que no había que darle importancia y que se magnificó el asunto; que la culpa era del chancho y que lo podíamos comer sin problemas. Lo cierto es que el famoso virus H1N1 nos tuvo a mal traer, hasta que un día las autoridades anunciaron que el mal comenzaba a retirarse. Fue entonces cuando descubrimos, al abrir los buzones de nuestras casas, que las facturas de gas tenían unos número que, primero, pensábamos que eran un error y luego nos confirmaron su veracidad. La facturas venían con unos montos increíbles y no sabíamos que malabarismos íbamos a tener que hacer con el dinero para poder pagar. Por si fuera poco, se anunciaba un incremento similar en las boletas de la luz… Finalmente el gobierno nacional dio marcha atrás con el tarifazo y todos, momentáneamente, respiramos tranquilos. Bueeehh eso de respirar tranquilos es una manera de decir, porque sobre llovido mojado y con la sequía terrible que vive el país, pronto se desataron unos incendios feroces en gran parte de nuestra provincia y San Luis. Hasta tuvimos que lamentar algunas víctimas. La verdad, es que últimamente los argentinos no ganamos para sustos.

Y si tenemos que hablar del gobierno…. ¡Hay mi Dios…! ¿¿¿¿¿Qué hemos hecho los argentinos para merecernos semejante cosa???????????? Todo hacía pensar después de 2003 que la cuestión comenzaba a enderezarse hasta que el Rey Nestor, muy “democráticamente” levantó su dedo y ungió como sucesora a la Reina Cristina, con la clara intención de que a los cuatro años esta le devolviera el favor que se repetiría al término de un nuevo mandato, y así, la dinastía china de los Zhou (1766 – 1027 AC), no sería nada ante la de los K. Pese a todo, muchos, aún los que no sentíamos demasiada atracción por la sucesión, pensábamos que el hecho de tener una mujer en el poder cambiaría algunas cosas y le dimos nuestro voto de confianza. Increíblemente a los dos tres meses de estar en el gobierno, un fuerte y aparatoso golpe nos sacudió a todos sin saber muy bien qué había ocurrido: el país había chocado contra algo llamado campo. Que si este estaba mal estacionado o venía en contramano, o que el país iba a muy alta velocidad y dobló sin poner el guiño, o lo que fuese, puede ser materia de discusión. Lo cierto es que en medio del incendio vimos con alegría que la presidente, rápida de reflejos, venía raudamente al mando del camión de bomberos dispuesta a apagar el fuego. Lo que nunca imaginamos es que la autobomba no tenía agua sino nafta y de la mejor calidad… En conclusión, de allí en más el incendio fue cada vez mayor y ya no hubo manera alguna de extinguirlo. Los bomberos se hicieron presentes varias veces en el lugar del siniestro, pero si sus tanques no estaban vacíos, no andaban los matafuegos, las mangueras estaban pinchadas o la bomba no tenía la presión adecuada. Es decir, las ilusiones se desvanecían una tras otra. Si a esto sumamos que el Jefe General de Bomberos y el Sub Jefe tenían ideas diferentes y que cada uno tomó su propio camino olvidándose del pueblo que los votó, sin ser unas luminarias pronto nos dimos cuenta de que esto olía muy mal.

Después renunció el ministro de Economía Martín Lousteau (luego nos enteramos de que Néstor nunca lo quiso en el gobierno y no le permitió hacer las cosas que había que hacer) y poco a poco comenzaron a alejarse aquellos que podían tener algún tipo de discrepancias con el presidente en las sombras. En este punto se aplicó, y se aplica, a rajatablas la política de: “el que no está conmigo está contra mí”. Ya quedó demostrado que este gobierno no tiene opositores sino enemigos y que a los enemigos hay que eliminarlos (Lousteau; Alberto Fernández, Grupo Clarín, Schiaretti…)

Así planteadas las cosas, un día nos encontramos con el adelantamiento de las elecciones para el 28 de junio, ante el desplome inminente de un gobierno que no sabía cómo llegaría a octubre. Y tenían razón. Si tres meses antes, gran parte de sus aliados les dio las espaldas, vaya uno a saber lo que hubiera ocurrido si se respetaban los términos establecidos. Otra vez renacieron las esperanzas de un pueblo que siempre piensa que el mañana será mejor. Cuando todos pensaban que la derrota electoral haría recapacitar a los mandamases, los sufridos hombres de estas tierras vimos como se redoblaba la apuesta al mejor estilo matón: “a mí nadie me doblega y yo hago lo que quiero…”

Pero ya se sabe, Argentina es un país dónde todo es posible -sí, igual que en la dimensión desconocida- y un día vimos con asombro como se unían en una combinación explosiva Néstor Kirchner y Julio Grondona, y de un momento para otro, la televisación de fútbol pasaba a manos estatales. ¿Debe ser así? Posiblemente sí, para que todos tengan las mismas oportunidades. Pero ¿era el modo de hacer las cosas? Evidentemente no; pero eso será, tal vez, motivo de otro comentario. Y luego se vino el mamarracho desesperado de la Nueva Ley de Radiodifusión o como quieran llamarla, sobre la que también escribiré en su momento. Y después vendrá sólo Dios sabe qué y luego y luego y luego… Como ya dije, todo es posible en este país, así que a no sorprenderse con lo que pueda pasar más adelante.

Mientras tanto el país se va al cuerno, perdemos prestigio internacional, volvemos al FMI luego de haber despotricado contra él, seguimos pagando a Venezuela intereses usurarios por la guita que nos prestan, aumenta la pobreza, los desocupados somos millones, la inseguridad crece día a día, la corrupción sube exponencialmente. Ellos por su parte usan el Tango 01, el Tango 02, el Tango 03…. como si se tratara de taxis o remises, y ahora alquilan cerca de diez nuevos aviones al costo de 5 mil dólares la hora de vuelo. Los patrimonios de los miembros del gobierno aumentan si poder explicar cómo, los amigos del poder se enriquecen y el pueblo que se joda. ¿Será que así son los gobiernos progresistas de estos tiempos modernos? Nunca estuve de acuerdo con Marx, pero no me cabe ninguna duda de que si el pobre se levantara de la tumba, ¡¡¡¡les daría un flor de boleo en el culo!!! Que ni les cuento.

Y después dicen que J. K. Rowling (la creadora de Harry Potter) tiene una imaginación privilegiada… ¡Ja! Qué venga a la Argentina y me cuente.

martes, 14 de julio de 2009

Un poco de mí...

Tuve que escribí algo autoreferencial para mi nuevo blog, y ya que estamos, lo ponemos acá también ¡Qué tanto!

Llegué a esto del Periodismo y las comunicaciones, cuando tenía unos 20 años allá por 1984 más o menos. Yo entonces estudiaba para ser Técnico Superior en Administración de Empresas, título demasiado ampuloso si se quiere para una actividad a la que jamás me dediqué.

Me encontraba estudiando en segundo año de esa carrera, en la ciudad de Villa Nueva, Córdoba, cuando un día Graciela Zanotti, la encargada de las Comunicaciones Sociales del Obispado de Villa María, me ofreció ser Secretario de Prensa de ese obispado, bajo la administración de mi recordado obispo, Monseñor Alfredo Guillermo Disandro. Yo estaba sin trabajo y así, de un día para otro, me vi haciendo algo que jamás había imaginado. Comencé a contactarme con los medios de la ciudad (entonces tan sólo un diario, una radio y un canal de TV por circuito cerrado) y a mandar gacetillas y suministrar información. Una cosa trae a la otra y ya eran los medios quienes me pedían artículos escritos, entrevistas, y demás cuestiones vinculadas al tema.

Cierto día, también por cosas del azar, fui a LV 28 Radio Villa María a realizar algún trámite que ya ni recuerdo, relacionado con mi trabajo. Allí me encontré con un viejo amigo de Arroyo Cabral, Marcelo Degiovani, quien participaba de un casting de locutores. Me había gustado la idea pero no me había animado a presentarme. Ante la insistencia de mi amigo lo hice y entre más de cien postulantes quedé en segundo lugar. El primer puesto había sido para un muchacho llamado, si mal no recuerdo, Miguel Reyna. Él fue el elegido y de inmediato comenzó a trabajar. Lamentablemente al poco tiempo falleció y yo fui llamado en su lugar. Mi alegría era inmensa. Mi turno de trabajo… sábados y domingos de seis de la mañana a siete de la tarde. ¡Casi nada! Recuerdo los nervios y la emoción de aquella madrugada inicial, y la generosidad de mi primer compañero de tareas, Oscar Manuel Ferradans, posteriormente un alto jefe de la Policía de la Provincia de Córdoba. Semana completa… De lunes a viernes en el Obispado y fines de semana en la radio. Así descubrí mi vocación por la radio y los medios en general.

Con este cambio en mi vida, en 1988 decidí estudiar y al comenzar el nuevo año me vine para Córdoba Capital. Estudié Periodismo y Locución Nacional. Aún recuerdo la alegría de tener en mis manos aquel carné otorgado nada más y nada menos que por ISER; toda una verdadera proeza por aquellos días. Durante esos años me pagué los estudios trabajando como becario en Radio Cura Brochero, de la misma escuela de periodismo. Fue por ese entonces que me llegó el ofrecimiento de hacer un curso organizado por el CELAM en Santiago de Chile. Me postulé, fui elegido y becado. A fines de julio de 1992 crucé la Cordillera de los Andes y junto con otros 18 periodistas de toda Latinoamérica, durante cuatro meses viví los momentos más felices de mi vida, mientras estudiaba en la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Paaaahhhhh que nombre; casi me quedo sin aire cuando la quiero nombrar de corrido….

A mi regreso vuelvo a Radio Cura Brochero y en marzo de 1994 soy llamado para participar de un proyecto encarado por el diario La Voz del Interior: FONOVOZ, un, por ese entonces, novedoso sistema de información telefónica. Años más tarde fui designado como uno de los responsables de la edición electrónica del diario y escribí para los diversos suplementos. De allí en más colaboré con revistas de folklore, escribí Nacidos Para Cantar Juntos, el primer libro con la vida de Los Fronterizos, e hice mis programas en Radio María Argentina, transmití el Cosquín 2008 para esa querida emisora, y hoy me siento frente al micrófono de Radio Cultura, para compartir lo poco o lo mucho que aprendí en estos ya casi 25 años.

Eso, más o menos, es lo que puedo decir de mi vida periodística.

viernes, 22 de mayo de 2009

Susan Boyle: Las nuevas reglas de la fama

Soy uno de los cien millones de personas que en diez días vio el video de Susan Boyle en Youtube. Primero en la TV y luego buscando información en Internet. Confieso que soy un desorejado pero eso no impide que me emocione y llore cada vez que veo esas imágenes, sobre todo teniendo en cuenta la sencillez, humildad e inocencia de la cantante.
Hace un rato, revisando el sitio de Clarín, encontré este artículo que analiza cómo se manejan las cosas mediáticamente y la influencia de Internet. Me pareció excelente y por eso quería compartirlo con todos (si es que alguien entra a este blog de vez en cuando) , en especial con mis colegas periodistas.
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Susan Boyle: Las nuevas reglas de la fama
04:38
Su actuación en el programa británico "Got Talent" la convirtió en un fenómeno: 186 millones de visitas en Internet, ofertas para hacer películas, muñecas y hasta galletitas con su cara. Mañana se presenta en la segunda ronda del ciclo, pero su caso ya revela las características de la comunicación en el siglo XXI.

Por: Adriana Schettini, ESPECIAL PARA CLARIN



Susan Boyle, la escocesa que voló del anonimato a la fama mundial en lo que dura la interpretación de un tema musical en la TV, es un fenómeno que sintetiza las características de la comunicación en el siglo XXI. El 11 de abril Susan Boyle desembarcó en Britain's Got Talent (formato original de Talento argentino) con el aspecto de una Cenicienta: cabellera canosa y desaliñada, cejas tupidas, regordeta, el aire impávido de los santos inocentes. Los miembros del jurado y el público que presenciaba el show la miraron como a una doña que hubiera equivocado el camino a la feria y llegado a la tele por pura desorientación geográfica. Ajena a las hostilidades, la concursante entonó I dreamed a dream (Soñé un sueño), el tema de la comedia musical Los Miserables; para eso había ido al programa, al fin y al cabo. Antes de terminar la primera estrofa, el sortilegio de su voz había pulverizado los prejuicios. De un empujón televisivo, los aplausos la subieron a la carroza alada del show business. Y allí anda Susan al día de hoy, dando tumbos entre dos realidades antagónicas: por un lado, la módica rutina que la llevaba de la casa donde vive junto a su gato Puebles al coro de la parroquia del barrio; por el otro, el torbellino mediático que la ha puesto a soportar el asedio de cronistas y fans en la puerta de su domicilio, a conceder entrevistas vía satélite para ciclos estadounidenses tan renombrados como el de Larry King, a evaluar las más heterogéneas propuestas de trabajo. Tamaño cimbronazo en la biografía de una simple desempleada con aptitudes para el canto parecería un milagro. Pero, en verdad, tiene una explicación netamente terrenal: el caso Boyle encaja a la perfección con las características de la televisión contemporánea. A saber:

La TV se alimenta de personajes
La pantalla se reserva el derecho de admisión y permanencia: cualquiera sea el motivo por el que una persona accede a ella, las posibilidades de que perdure allí son directamente proporcionales a sus condiciones para ser vista como un personaje. En tal sentido, Susan Boyle es una exquisitez televisiva: tiene 48 años pero padece un leve retraso que le da una apariencia aniñada, frágil, a mitad de camino entre el asombro y la indiferencia. Según dice, no sólo es virgen sino que ni siquiera fue besada por un hombre. Su aspecto descuidado, la avejenta notablemente. Así, Boyle irrumpe en la televisión ofreciendo lo que escasea: virginidad, despreocupación estética, vida austera. Una extraña criatura cuya sola presencia constituye una blasfemia a la santísima trinidad televisiva: sexo, dinero y juventud eterna. Una provocadora.

La TV se potencia en Internet
Boyle se convirtió en noticia para todos los medios del planeta cuando conquistó el reino de Youtube: el video de su actuación en Got Talent fue visto cien millones de veces en sólo nueve días. "Internet no ha visto nunca algo como Susan Boyle, cuya popularidad en la red se encamina a los libros de Historia", arriesgó The Washington Post. Según informó la agencia Reuters el miércoles último, su video ya ha alcanzado 186 millones de visitas, cifra que lo coloca en el quinto puesto de los más vistos en la historia de Internet. En la TV, Boyle había conmovido a los espectadores del ciclo; en la web, a los internautas del mundo entero. La TV puede ser el pasaporte a la fama pero, hoy por hoy, la visa al imperio de las celebridades globales se tramita en Internet. La popularidad universal ya no se mide en puntos de rating sino en visitas virtuales. Para ejemplo, Cumbio: cuando menciona en la TV que tiene 38 millones de visitas en su fotolog, los conductores que la entrevistan no atinan a disimular la envidia. El rating registra la cantidad de televisores encendidos en determinado canal; la planilla no dice nada acerca de por qué miramos lo que miramos o qué opinamos de lo que vimos. La emoción de quienes siguieron la presentación de Boyle en el televisor es un secreto guardado entre las cuatro paredes de sus casas. Los que miraron el video en la web, en cambio, tuvieron la ocasión de hacer sus comentarios en la misma red. ¿Será Internet el ámbito donde debatir sobre la TV que consumimos?

La TV impone su lógica de show
Susan Boyle es una estrella recién parida por la tele y como a todas sus criaturas mediáticas, la pantalla le ofrece las ventajas de una celebridad veloz a cambio de una condición: que acepte encorsetarse en la lógica del show. Boyle cumplió: habló de su vida privada sin ahorrarse el dato de su virginidad ni pasajes de alto voltaje emocional (tuvo problemas de asfixia al nacer que le dejaron un retraso de aprendizaje; se dedicó a cuidar a sus padres ancianos; vive sin otra compañía que su gato, etc.). La TV está cumpliendo su compromiso de ubicarla en el sitial de las celebridades: su "cambio de look" (apenas se tiñó las mechas y se depiló las cejas) fue noticia en los principales diarios del mundo; ya fue mencionada en un capítulo de la serie animada South Park; estrellas como Demi Moore y Elaine Page, de quien Boyle es fanática, y políticos comoel primer ministro británico Gordon Brown y el ex secretario general de la ONU Kofi Annan opinaron sobre ella; se están fabricando galletitas Magdalenas con su rostro. Recientemente, una fan estadounidense de Boyle comenzó a fabricar una muñeca con la figura de la cantante y la comercializa por Internet.

La TV funciona como una bolsa de trabajo
Antiguamente, las figuras televisivas aparecían en la pantalla cuando eran convocadas para realizar determinada tarea a cambio de un cachet. Ahora, muchas de ellas trajinan la pantalla por la simple expectativa de que la exhibición funcione como el puente hacia otras ganancias: contrataciones para publicidades, obras de teatro, presentaciones en boliches, canjes de ropa... Los desconocidos aprendieron de los famosos y, auge de los reality shows mediante, se presentan a los castings de ese tipo de ciclos menos interesados en ganar el premio final que en exponerse para conseguir diversas changas extratelevisivas. Ajena a esa estrategia mediática, Boyle llegó a Got Talent, según dijo, con el afán de concretar un sueño. Pero la lógica televisiva se impuso y le llegaron las ofertas: perder su virginidad en un filme porno a cambio de un millón de dólares; sentarse a negociar con Sony BMG para grabar un disco; dejar que el certamen de belleza Clothes Show London ponga a su servicio a los mejores estilistas. Increíble pero real, la noticia dio la vuelta al mundo: Catherine Zeta-Jones quiere llevar la vida de Susan a la pantalla grande pero, según el diario británico The Daily Mail, la actriz ya tiene quien compita con ella por la obtención de los derechos: James Cameron, el director de Titanic. Muchos dicen que con ese nivel de ofertas, Boyle hará realidad la historia del patito feo. La escritora y periodista española Rosa Montero dispara contra ellos: "Ahora unos avispados vendedores de humo nos quieren hacer creer que los cuentos existen; que Susan se ha transmutado en cisne y que será feliz para siempre jamás. Cuando la verdad es que siempre va a ser un dulce pato; y da miedo pensar lo que puede hacerle la trituradora mediática a una criatura tan limpia e indefensa", escribió.

La TV fabrica celebridades a destajo
Si Susan Boyle creyera que la TV sació con ella su hambre de nuevas estrellas, estaría equivocada. En Got Talent, ya hay otros dos participantes, un niño y una niña, que se perfilan como celebridades en ciernes. Mañana se sabrá si Boyle pasa a la siguiente ronda del ciclo y ambos chicos, que ya obtuvieron lo suyo en materia de visitas en Youtube, se le presentan como rivales de peso.Cualquiera sea la suerte de Boyle en el certamen, su participación ha servido para poner al mundo a debatir sobre las nuevas modalidades de la comunicación de masas.

martes, 12 de mayo de 2009

El juego de los siete errores

Desde chico fui un gran lector. De revistas infantiles primero, luego historietas, más tarde libros, diarios y ahora Internet. Leía de todo y sentía una gran predilección por las revistas de juegos y los entretenimientos de los diarios. Uno de mis pasatiempos era EL JUEGO DE LOS SIETE ERRORES. ¿Quién no lo jugó alguna vez? Aquellos simpáticos cuadritos paralelos en los que uno tenía que fijar bien la vista y encontrar pequeñas diferencias entre uno y otro. A veces era una pestaña un poquito más grande en el dibujo de la derecha que en el de la izquierda, un dedo de la mano al que le faltaba una uña o una pequeña arruga en el pantalón, inexistente en el cuadro vecino. No por ello me considero digno ser comparado con Albert Einstein, pero digamos que, en líneas generales, siempre me fue bien con estos divertimentos. No seré inteligente pero al menos soy observador…

En los últimos tiempos la vida cotidiana me ha impuesto, como a la mayoría de mis compatriotas, un desafío que no he podido resolver. Si me colocan una montaña de MIERDA (bosta de vaca, chancho, o preferiblemente humana que es más hedionda) y un político argentino al lado, sencillamente no sé identificar cuál es cuál. El hedor que desprenden los dos y la repugnancia que me causan es la misma, por lo que me es muy difícil distinguir uno de otro. Cuando volvió la democracia en 1983, yo me sentía orgulloso de votar por primera vez y creía que todo iba a mejorar. Lentamente mi decepción comenzó a crecer y en los últimos años cayó irremediablemente y a una velocidad increíble por un precipicio. Es cierto que la Democracia es el mejor medio de organización que tenemos, con sus defectos y todo, y que nunca más debemos perderla, pero con eso alcanza….

En poco menos de un mes tenemos elecciones legislativas en el país y lo que se ha visto hasta ahora es vergonzoso. Argentina se ha convertido, por obra y gracias de nuestros políticos, en algo así como “La Isla de la Fantasía”. El lugar en dónde los sueños más disparatados e imposibles se hacen realidad; un país donde la Presidente (Presidente, no PresidentAAAAAA y no por una cuestión de machismo sino porque el cargo no tiene género; no es ni masculino ni femenino) no le dirige la palabra a su Vice porque este tuvo la “osadía” de votar una vez en contra, para salvar las papas que se le estaban quemando al mismo gobierno por su total inacción; un país donde el esposo de la Presidente, que no es más que eso, el esposo de la primera mandataria, se da el gusto de manejar la política nacional a su antojo, haciendo quedar a la Jefa de Estado ante la opinión pública como un títere, cosa que todos sabemos pero al menos esperamos un poco de disimulo; un país donde un millonario como De Narváez se puede gastar un millón de pesos diarios en su campaña electoral y no sabemos para qué; un país con dirigentes radicales que después de incendiar al país tienen el tupé de decir qué es lo que hay que hacer y cómo; un país en el que Carmen Nebreda, de amplia trayectoria gremial en representación de los docentes, rechaza un ofrecimiento diciendo que no iba a participar en política y días después acepta la jugosa oferta del oficialismo; un país en el que alguien puede estar con Menem, después con Duhalde, luego con Néstor Kirchner, más tarde con Cristina y ahora irse para otro lado como si tal cosa; un país con un gobierno que tranza con los sindicalistas, que en vez de defender a sus trabajadores luchan por obtener privilegios personales, y a la primera de cambio le dan la espalda; un país en el que un petizo bocón se pasó cuatro años peleano con el gobernador en vez de hacerse cargo de los problemas de la ciudad de Córdoba…. Un país que ni Ray Bradbury hubiera imaginado…

Se acercan las elecciones y no quiero votar. Lo más probable es que me haga el boludo y me vaya de paseo por ahí para aprovechar mi tiempo o que meta un pedazo de papel higiénico en el sobre para que se limpien el orto. Eso sí, limpio, porque soy una personas de bien. Esto tendría que ser una fiesta pero no lo es. No estoy dispuesto a hacer el sacrificio enorme de perder cinco minutos de mi tiempo y caminar tres cuadras para regalarle mi voto a alguien que sé, que sí o sí me va a cagar. Porque de eso se trata; vote al que vote me va a cagar igual. Nuestros políticos son muy consecuentes: siendo ellos una verdadera y real cagada, van a cumplir con su designio histórico y nos van a cagar una vez más. Me duele pensar así pero no lo puedo hacer de otra manera, por más que quiera. Y ya que estamos con los temas escatológicos: ESTO SE VA A LA MIERDA!!!!!!!!!!!!!

“Los pañales y los políticos son iguales: hay que cambiarlos todos los días… Y por la misma razón” (Bernard Shaw)












viernes, 3 de abril de 2009

¡¡Adiós presidente Alfonsín!!!!!!!

Pocos meses después de haber terminado la escuela secundaria, un domingo volví a las aulas del Instituto Secundario Bernardino Rivadavia de Villa María. A ese mismo edificio que me había recibido los cuatro años de edad y que me despidió a punto de cumplir los dieciocho. Llevaba en mis manos un inmaculado DNI y en el alma una sensación única. Iba a votar por ¡primera vez!

Ingresé a la mesa dos y puse la boleta número 3 de la Unión Cívica Radical en el sobre que momentos antes me había entregado el jefe de mesa. Yo también quería ser jefe de mesa pero no sabía cómo hacerlo; quería ser importante en un momento tan trascendental. No pude y me contenté con depositar el sobre en esa urna que todavía era de madera y que, gracias a Dios y contradiciendo a Galtieri, ya no estaba “bien guardada”. La fórmula presidencial era Raúl Alfonsín – Víctor Martínez. Para la gobernación de Córdoba los elegidos eran Eduardo César Angeloz y Edgardo Grosso, y el candidato a intendente de Villa María, el contador Horacio Cabeza. Esa mañana me sentí importante y a la noche festejé junto a mi padre, un radical de alma que lloraba como un chico. Como había llorado cincuenta años antes con el derrocamiento de Irigoyen. Yo, había contribuido con mi primera votación, al restauramiento de la democracia.

Pero la vida real no es la que uno sueña. Alfonsín no terminó su mandato y todo era un caos. Llegó Carlos Menen y tras un período de aparente bonanza, nos dimos cuenta de que no todo lo que relucía era oro. De la Rúa daba nueva esperanzas y lo suyo no pudo ser peor. Cinco presidentes en una semana y la cosa parecía ir de mal en peor. Después llegó Duhalde para poner un poco de orden y Kirchner pareció tranquilizar la situación; pero sólo pareció. Ahora Cristina…

Pasó el tiempo y mi desilusión con la clase dirigente y con la política fue en aumento. La emoción y alegría por el triunfo de Alfonsín poco a poco fueron desapareciendo. Me sentía defraudado porque había huido ineptamente, porque había tranzado con Menem y porque “había sido un desastre”. Después, la angustia fue in crescendo a medida que se sucedían los gobiernos; no había políticos honestos en los que creer. Tardé un tiempo en comprender que Alfonsín, es mismo que me había desilusionado, había hecho algunas cosas y no había hecho otras, pero todo lo había hecho con honestidad. Después entendí que había renunciado a ideas y principios en pos de la unidad y el bienestar del país. Me di cuenta de lo doloroso que debe haber sido para él aquella Semana Santa, y que era preferible que Carlos Menem fuera reelegido una vez antes de que se perpetuara en el poder.

Pasaron los años y muchas cosas cambiaron. El país, cambió, la gente, la clase dirigente y yo… Nunca más volví a sentir aquella misma emoción de la primera vez. Si hoy voto por Juan, es pura y exclusivamente para que no gane Pedro. Estoy cansado de votar siempre por el mal menor. Mi documento está lleno de sellos y cada vez que lo miro pienso de qué sirvió haber votado tanto.

Alfonsín murió, y ahora comprendo que definitivamente se fue uno de los últimos que me podía hacer pensar distinto. Se fue alguien que creía que la política honesta era posible. Yo no creo lo mismo. Para mí, al menos hoy y en este país, son términos antinómicos.

El pueblo lo despidió como él se merecía. Yo hice mi oración, pero ya no quiero ser presidente de mesa.

Chau Alfonsín...

Pocos meses después de haber terminado la escuela secundaria, un domingo volví a las aulas del Instituto Secundario Bernardino Rivadavia de Villa María. A ese mismo edificio que me había recibido a los cuatro años de edad y que me despidió a punto de cumplir los dieciocho. Llevaba en mis manos un inmaculado DNI y en el alma una sensación única. Iba a votar por ¡primera vez!

Ingresé a la mesa dos y puse la boleta número 3 de la Unión Cívica Radical en el sobre que momentos antes me había entregado el jefe de mesa (yo no soy radical). Yo también quería ser jefe de mesa pero no sabía cómo hacerlo; quería ser importante en un momento tan trascendental. No pude y me contenté con depositar el sobre en esa urna que todavía era de madera y que, gracias a Dios y contradiciendo a Galtieri, ya no estaba “bien guardada”. La fórmula presidencial era Raúl Alfonsín – Víctor Martínez. Para la gobernación de Córdoba los elegidos eran Eduardo César Angeloz y Edgardo Grosso, y el candidato a intendente de Villa María, el contador Horacio Cabeza. Esa mañana me sentí importante y a la noche festejé junto a mi padre, un radical de alma que lloraba como un chico. Como había llorado cincuenta años antes con el derrocamiento de Irigoyen. Yo, había contribuido con mi primera votación, al restauramiento de la democracia.

Pero la vida real no es la que uno sueña. Alfonsín no terminó su mandato y todo era un caos. Llegó Carlos Menen y tras un período de aparente bonanza, nos dimos cuenta de que no todo lo que relucía era oro. De la Rúa daba nueva esperanzas y lo suyo no pudo ser peor. Cinco presidentes en una semana y la cosa parecía ir de mal en peor. Después llegó Duhalde para poner un poco de orden y Kirchner pareció tranquilizar la situación; pero sólo pareció. Ahora Cristina…

Pasó el tiempo y mi desilusión con la clase dirigente y con la política fue en aumento. La emoción y alegría por el triunfo de Alfonsín poco a poco fueron desapareciendo. Me sentía defraudado porque había huido ineptamente, porque había tranzado con Menem y porque “había sido un desastre”. Después, la angustia fue in crescendo a medida que se sucedían los gobiernos; no había políticos honestos en los que creer. Tardé un tiempo en comprender que Alfonsín, ese mismo que me había desilusionado, había hecho algunas cosas y no había hecho otras, pero todo lo había hecho con honestidad. Después entendí que había renunciado a ideas y principios en pos de la unidad y el bienestar del país. Me di cuenta de lo doloroso que debe haber sido para él aquella Semana Santa, y que era preferible que Carlos Menem fuera reelegido una vez antes de que se perpetuara en el poder.

Pasaron los años y muchas cosas cambiaron. El país, cambió, la gente, la clase dirigente y yo… Nunca más volví a sentir aquella misma emoción de la primera vez. Si hoy voto por Juan, es pura y exclusivamente para que no gane Pedro. Estoy cansado de votar siempre por el mal menor. Mi documento está lleno de sellos y cada vez que lo miro pienso de qué sirvió haber votado tanto.
Alfonsín murió, y ahora comprendo que definitivamente se fue uno de los últimos que me podía hacer pensar distinto. Se fue alguien que creía que la política honesta era posible. Yo no creo lo mismo. Para mí, al menos hoy y en este país, son términos antinómicos.

El pueblo lo despidió como él se merecía. Yo hice mi oración, pero ya no quiero ser presidente de mesa.