Acerca de estos delirios

Acá voy a escribir lo que quiero y en la medida en que tenga ganas... No crean que es el blog de García Márquez o de un ganador del Pulitzer; simplemente son cosas que se le ocurren a alguien a quien le gusta compartir. Al que le guste que lea, y al que no, no importa. Nadie se va a morir por no hacerlo... Después de todo lo mío es la radio che!!!

sábado 13 de agosto de 2011

MI primera Pacha Mama








“Ramito de albahaca,
Niña Yolanda ¿dónde andará?
Atrás se quedó alumbrando
su claridad…”


Jujuy tiene magia, tiene cultura, tiene historia y lo ancestral está presente a la vuelta de la esquina. Desde que puse un pie en esta hermosa tierra, ando buscando los lugares de los que me hablan las canciones.
Así llegue a Yala por aquello de “Santa Leoncia de Farfán, de la Quebrada de Reyes…”; visite Lozano, el de la zamba; estuve en la casa de las lavanderas del Río Chico y caminé por las mismas calles que “El Humahuaqueño”…



La semana pasada me fui hasta Lozano, para participar de la Serenata a la Niña Yolanda. En el predio que la familia Carenzo posee a orillas del Río Grande, se realizó la tradicional fiesta folklórica con la presencia de numerosas familias que aprovecharon la jornada soleada para disfrutar de un día al aire libre.




Con sillas, mesas, sombrillas y víveres, la gente comenzó a llegar al lugar del encuentro pasadas las 14. A esa hora ya estaban dispuestos lo puestos de comidas tradicionales que no daban a basto con las empanadas, choripanes y humitas. La popular celebración se realiza desde hace casi veinte años en homenaje a la música, poetiza y compositora jujeña, Yolanda Pérez de Carenzo, más conocida en el ambiente musical como “La Niña Yolanda”.

La artista falleció en Córdoba en 1968 y fue su esposo, el “Cuchi” Carenzo, quien decidió comenzar con la celebración en recuerdo de esta mujer que por amigos tenía a Pablo Neruda, Jaime Dávalos, Gabriela Mistral, Atahualpa Yupanqui y el Cuchi Leguizamón entre otras personalidades destacadas de la cultura. La casa de la familia no sólo recibía a estos y otros amigos, sino que bajo su techo el General Manuel Belgrano organizó el Éxodo Jujeño y entre sus paredes se firmó la paz de la Guerra del Chaco.



Pero no sólo de música se trató la cosa. Para mí no fue un día más. Agosto es el mes de la Madre Tierra, la Pacha Mama, y en el Norte se le rinde culto con toda devoción.

Con gran alegría puedo decir ahora que yo también participé, al menos una vez, de esta importante celebración.

Se hace un pozo en el suelo y luego se le ofrenda a la tierra, comida, bebida y cigarrillos, agradeciendo por lo que nos da durante el año, y pidiéndole perdón por el daño que le hacemos. Papas, maíz, chorizo, locro, vino, cerveza, fueron algunos de los alimentos que se ofrecieron a la madre tierra.



Finalizada la ceremonia, comenzó el espectáculo artístico con la presencia de la Banda del Regimiento de Infantería 20, que entonó las estrofas del Himno Nacional Argentino. Luego siguieron las chacareras más populares del momento y hasta una particular versión de “El bombón asesino”.



Entre los numerosos artistas presentes, se encontraban alumnos del profesor Amaranto Chañi, quien desde su juventud viene enseñando música folklórica a los niños que van a su peluquería en busca de un corte de cabello.



Conocida es la historia de Amaranto Chañi, quien junto con su hermano ha enseñado nuestra música y cultura popular a generaciones de niños. Algunos de ellos han alcanzado el reconocimiento nacional como es el caso de Los Tekis.
Los nietos de la compositora, instituciones oficiales del medio y empresas patrocinadoras, rindieron su homenaje a Amaranto por tantos años de incansable labor en defensa de las tradiciones criollas y en particular jujeñas.



El espectáculo continuó en el escenario Niña Yolanda con la participación de artistas jóvenes y consagrados, entre los que se destacó la cantante Maryta de Humahuaca, quien presentó canciones de su último trabajo discográfico.





miércoles 20 de julio de 2011

Amistad clasificada




Se busca: un amigo que esté siempre presente
sin importar buenas ni malas.
Un amigo dispuesto a tender la mano,
que preste generosamente sus hombros
para el reposo de la cabeza cansada,
y sus oídos para escuchar el corazón necesitado.

Un amigo con quien compartir alegrías y tristezas,
hablar de sueños e intentar realizarlos juntos.
Un amigo que tenga humanidad ante todo,
para entender al otro sin cuestionamientos.
Un amigo que no tenga ni más ni menos,
ni mucho ni poco sino sólo lo necesario.
Un amigo para compartir la mesa tendida,
un pedazo de pan, un vaso de vino
y una almohada por gastada que esté.

Se necesita un amigo con brazos fuertes,
no para alzar pesos ni voltear árboles,
sino para dar un abrazo sincero
y levantar al amigo caído.

Turno de trabajo: full time. (El postulante
debe estar disponible
durante las veinticuatro horas del día,
los 365 días del año)

Lugar de actividades: el mundo

Requisitos:
Tener diploma de humilde, sincero y buena gente,
autenticado por autoridad competente.
Ser licenciado en paciencia,
Master en comprensión
Doctorado en AMOR.
Debe tener reciprocidad de sentimientos
Buen carácter (no excluyente)
Sin límites de edad.
No importa la condición económica.
Predisposición para tomar el puesto de inmediato.

Actividades a realizar:
Acompañar, escuchar y compartir.

Se ofrece:
Retribución permanente;
no en dinero
porque no hay plata que pague a un amigo,
sino amistad sincera,
la mano tendida,
y una puerta siempre abierta.
Se ofrecen dos ojos para velar por el otro,
dos brazos para ser sus brazos
y dos piernas para caminar por él, en caso de hacer falta.

Preguntar por: quien lo necesite,
A la vuelta de la esquina.


Cristián Aldasoro
01/08/2010

sábado 9 de julio de 2011

Adiós Facundo Cabral

El Día de la Independencia recibió a los argentinos con una mala noticia. Facundo Cabral, el trovador argentino, el hombre que predicaba la paz con sus canciones, cayó en Guatemala víctima de la violencia. Un verdadero contrasentido; una burla del destino.

La noticia conmocionó no sólo a los argentinos sino al mundo de habla hispana que inmediatamente se hizo eco de la noticia.

Cabral, en sus comienzos musicales “El Indio Gasparino”, se encontraba en Guatemala realizando una serie de conciertos, el último de ellos el pasado 5 de julio en Quetzalquenango.

El cantante argentino se dirigía, según las informaciones llegadas a través de la prensa guatemalteca, hacia el aeropuerto La Aurora, en Ciudad de Guatemala, cuando su vehículo sufrió un ataque armado perpetrado frente a la estación de bomberos municipales. El chofer de uno de los vehículos que acompañaban a Cabral dijo que hombres que se conducían en dos vehículos arremetieron contra el cantautor, comenzando una serie de disparos que acabaron con la vida del músico argentino y dejaron herido a un empresario que lo acompañaba.

El secretario de Comunicación Social de la Presidencia de Guatemala Ronaldo Robles declaró al conocerse el hecho que "Es triste que este hombre que le cantaba al amor, a la paz y a la alegría haya perdido la vida por unos bastardos en Guatemala". El funcionario nacional dijo que se comenzaron las investigaciones y que esperan capturar a los responsables de este hecho. Según informó el diario Prensa Libre, Robles aseguró que el presidente Álvaro Colom “está consternado por este hecho cobarde”, y que tres equipos especializados de investigadores han sido asignados para trabajar en este asunto.

Facundo Cabral murió a los 74 años. Un argentino que caminó el mundo, murió lejos de su patria; tal vez como debía ser. Al fin y al cabo el mundo era su casa. Ya había dicho hace muchos años “no soy de aquí ni soy de allá”. Paradójicamente la canción con la que cerró el último de sus conciertos.

Cristián

viernes 8 de julio de 2011

Homenajearon a Los Fronterizos en Salta

Un grupo de fanáticos del grupo y amantes del folklore salteño, organizaron un homenaje al conjunto que a partir de los años 50 llevara el canto nacional por todo el mundo.

Los creadores de la Misa Criolla y Coronación del Folklore entre otros éxitos, fueron recordados durante las dos horas y media que duró el espectáculo, desarrollado en el teatro de la Casa de la Cultura de la capitalsalteña.

Jorge Ferrero estuvo a cargo de la organización y contó a Jujuy al Momento que, además de su admiración por el cuarteto, lo movió el deseo de que el público no se olvide de las figuras que hicieron grande al folklore nacional. Expresó que su deseo es que este homenaje sea el primero de otros que lleguen para Los Chalchaleros, Los Tucu Tucu, Los Cantores del Alba, Los de Salta y otros artistas. Ferrero destacó el apoyo de la Secretaría de Cultura de la provincia vecina y de Prensa de la Municipalidad.

Durante el espectáculo se proyectó un video relatando la historia de Los Fronterizos, con imágenes de la época y filmaciones rescatadas hace muy poco tiempo, de actuaciones realizadas en Alemania en 1967. Todo esto fue acompañado con los bailes del Ballet La Fronteriza; grupo de danzas nativas que lleva precisamente ese nombre en homenaje al conjunto salteño.

Los Fronterizos nacieron 1953 formados por El Negro Gerardo López, Carlos Barbarán, Eduardo Madeo y Juan Carlos Moreno. César Isella reemplazó en 1956 a Barbarán y a finales de 1965 dejó su lugar a Eduardo Yayo Quesada, presente en el homenaje de anoche.

A poco de comenzar su camino ganaron el favor del público argentino, lo que les valió la invitación de Ariel Ramírez para visitar Rusia, Polonia, Checoelovakia y otros países del bloque socialista.

Después llegaron los discos , giras internacionales, películas, premios y de más reconocimientos. Por su venta de un millón de copias, Los Fronterizos se convirtieron en el primer conjunto de nuestra música en obtener un disco de oro.

Conocidos en todo el mundo por su interpretación de la Misa Criolla, los salteños se codearon con lo más granado del espectáculo internacional de la época. Charles Aznavour, Catherine Valente o los Blue Diamonds, compartieron escenarios con ellos.

El Opera House de San Francisco, el "Carnegie Hall" de Nueva York , el Liederhalle Mozart Saal de Sttutgart, el Reinhalle de Dusseldorf, el Madison Square Garden de Nueva Cork o el Town Hall Theatre de la misma ciudad, fueron los escenarios que Los Fronterizos engalanaban en el exterior. Esos mismos escenarios que, tal vez, la anoche anterior a sus actuaciones habían disfrutado del arte de Frank Sinatra y la posterior a Gilbert Becaud….









miércoles 8 de junio de 2011

Entre Charles Dickens y Larguirucho

No sé mucho de Charles Dickens. Diría que nada. Sólo sé que fue un gran escritor inglés del siglo 19, y que de su pluma salieron David Copperfield y Oliver Twist. Sin embargo su nombre es uno de los que el olvido jamás pudo borrar de mi memoria. Está allí, incrustado, desde los tiempos de mi infancia.

Yo esperaba ansioso durante toda la semana, la llegada de la revista de historietas. En aquel entonces era un gran “devorador” de las aventuras de Larguirucho, Hijitus, Patoruzú, Afanancio y cuanta historieta infantil pusieran a mi alcance. Las de García Ferré, traían de regalo todas las semanas, un librito de bolsillo, del tamaño de un BlackBerry, o más pequeño aún. Aquella “mini colección de literatura universal” era una maravilla. Una excelente manera de acercarnos a los pibes de los años setenta a la lectura. Podrá discutirse y decirse que obras de semejante envergadura nos se pueden resumir en veinte paginitas de ese tamaño. Tal vez sea verdad. Pero es cierto también que gracias a esos libritos los chicos leíamos. Eso era sólo una parte. Porque por aquel entonces la mayoría teníamos la costumbre de ser socios de alguna biblioteca pública, de sacar libros de la escuela o sencillamente de comprarlos. Eran tiempos en que a un niño de no más de doce años se le podía regalar un libro. Y creo sinceramente que aquel trabajo de difusión literaria dio sus frutos.

Los pibes de hoy tienen otras habilidades. Son unos capos con las computadoras y la tecnología, pero, lamentablemente, no saben quién fue Robinson Crusoe; no conocen los naufragios de El Corsario Negro; no saben de las andanzas de Tarzán, de Tom Swayer, de Huckleberry Finn, o Robin Hood. Ignoran a Peter Pan y ni sospechan que alguien dio la vuelta al mundo en ochenta a días…. Para ellos, los nombres de Julio Verne, Emilio Salgari, Mark Twain o Jack London no dicen absolutamente nada. Porque ya no leen. Y porque para colmo ya no vienen los libritos con las historietas, por la sencilla razón de que ¡¡¡¡¡tampoco vienen historietas!!!!



Cuento de Navidad, de Charles Dickens fue uno de los primeros libros –sino el primero- que leí de aquella olvidada colección que se llamaba, ahora lo recuerdo, “Joyas de la Literatura Universal”. Después vinieron muchos más: Las Aventuras de Robin Hood, David Crocket, La carta robada, Rip Van Winkle, El Fantasma de Canterville….y la lista es interminable. Pero Dickens fue el primero.

Aquel cuento quedó grabado para siempre en mis recuerdos, con sus personajes tan opuestos. Por un lado el bueno y trabajador de Bob Cratchit. Por el otro el miserable Ebenezer Scrooge, que le negaba a su empleado hasta un poco de carbón para calentarse en una fría jornada de trabajo durante el invierno inglés. Los tres Espíritus del Pasado, Presente y Futuro, impresionaban a mis años infantiles. Con el tiempo vi la obra una y otra vez, en sus diferentes adaptaciones para cine y TV. Hasta recuerdo una de las clásicas obras de teatro con el tano Darío Vittori, en el papel del hombre avaro y tacaño. Siempre nos dejaban su mensaje al final: el amor y la bondad triunfan sobre la miseria, y más en tiempo navideño.



Charles Dickens murió el 9 de junio de 1870. A él le debo en parte mi amor por la literatura. Y, por cierto, a aquellos mini libros también.

martes 31 de mayo de 2011

XIII Feria de la papa andina en Tumbaya

Durante mi viaje a Perú, allá por 1995, sentí hablar de la gran variedad de papas que existen y que uno realmente desconoce. Pero todo quedó allí. Yo seguí comiendo mis papas fritas de siempre, mi puré y las papas al horno tradicionales, con los tubérculos que llegaban desde Balcarce o Villa Dolores.

El fin de semana pasado, visité la localidad quebradeña de Tumbaya, con motivo de realizarse la décimotercera Feria de la Papa Andina. Tumbaya es un pequeño pueblo prehispánico de la Quebrada de Humahuaca, situado a 45 kilómetros de la capital de Jujuy y a orillas del Río Grande, que apenas supera los trescientos habitantes.

El encuentro se realiza desde hace más de una década, gracias al trabajo de organizaciones no gubernamentales, y la participación de los campesinos que llegan con sus productos desde comunidades como Purmamarca, Cianzo, Tilcara, Maimará, Caspalá, Patacal, El Chañi y varias más. Año a año, el lugar de encuentro va rotando para que todos tengan la posibilidad de recibir a productores y visitantes.

En la feria pude apreciar la variedad de tubéculos con sus diferentes formas, colores y sabores. El sentido del encuentro es precisamente recuperar las distintas variedades y saber que si en un lugar se ha perdido alguna de ellas, hay agricultores en otros sitios de la región que la cultivan y así realizar intercambios de semillas.
Hay más de cien variedades de papas que se cultivan en la región andina. Cada una requiere de condiciones determinadas de clima y suelo. Es por ello que no es posible juntar nunca la totalidad de las variedades. En Yacón, por ejemplo, existe un tipo de papa que se cultiva en un predio de tan sólo dos hectáreas, ya que es el único sitio que reúne todas las condiciones necesarias para el desarrollo de la planta.

Algunas de las papas que los agricultores presentaron en esa oportunidad, son: ojo de señorita, tuni blanca, tuni rosada, papa collareja, cusqueña, imilla, tuni morada, tónica y astita, entre otras. Poco a poco la muestra se esta diversificando, por lo que los productores también llevaron sus variedades de maíces, quinoa, yacón y demás cultivos andinos.

Luego vino la música y la premiación a los expositores. Un dato curioso e interesante que me llamó la atención: a gente trabajadora de la tierra, el mejor premio que se le puede hacer es la entrega de herramientas. Palas, picos, machetes y serruchos, fueron los obsequios, que los expositores recibienton con alegría.

Un sábado diferente, conociendo culturas y costumbres del norte argentino.

sábado 28 de mayo de 2011

Recordando a Vicente…

En tiempos de computadoras, internet y telefonía móvil 3G, en los que la tecnología nos ha pasado por arriba, se hace cada vez más difícil encontrar quienes sepan desarrollar oficios como antes. Es cierto que quedan zapateros, plomeros, talabarteros y unos cuantos “eros” más. Pero ya no resulta sencillo conseguir torneros matriceros, fresadores u oficiales viradores. Un presidente, al que no hace mucho tiempo “nadie votó”, los declaró prescindentes de un día para otro cuando era más fácil y barato sacar la vieja heladera a la calle y comprar una nueva que arreglarla.
De mis años de infancia, recuerdo a aquellos que me salvaban las papas cada vez que un clavo me pinchaba la cámara de una rueda de mi vieja bicicleta amarilla. Y yo que era un completo inútil para esas cuestiones, debía recurrir una y otra vez a sus pequeños talleres. Gracias a Dios, los bicicleteros nunca nos dejaron, porque sigo careciendo de la más absoluta habilidad para emparchar una cámara y colocar la rueda como corresponde.
Hoy, al enterarme de que el 29 de mayo es el día del biciletero, me vinieron a la memoria aquellas imágines de un tiempo maravilloso: mi infancia en Villa María.
No recuerdo los nombres de todos los que atendían mi “bólido de dos ruedas”, pero sí del último que me arreglaba la que tenía cuando ya estaba a punto de dejar la adolescencia. Se llamaba Vicente. Vicente Scocozza para más datos. Creo que no hace falta aclarar que el hombre no era alemán; tampoco escocés…
Vicente era el hermano de Angelita, la vecina más amada por mis buenos viejos. Esa que estaba en todo momento y para lo que fuese. La de las siestas de mates; de tortas fritas pasadas por encima de la medianera; de largas horas de compañía en los momentos difíciles; del abrazo obligado con brindis incluido el 31 de diciembre a la medianoche; la de la entrega generosa a pesar de su humildad notable.
Vicente era igual. Casi un calco diría. Uno los distinguía por el pantalón o la pollera según fuera el caso.
Vicente fue ferroviario. Un día se jubiló y, como todo el que está acostumbrado a trabajar durante toda su vida, sentía que necesitaba hacer algo para llenar sus días. Así puso su biciletería en el garage de su casa y hasta allí llegaba yo cada tanto. Un día para que me pintara la vieja bicicleta usada que me habían regalado los papás de mi amigo Martín; otro día para arreglar las pinchaduras y tiempo después porque se me salía la cadena y no había manera de hacerla quedar bien...
Un día Vicente se fue para siempre; no de la mejor manera. Tampoco importa mucho cómo. Aún lo recuerdo el día de su velatorio, con un pañuelo alrededor de su cuello y Angelita preguntando por qué…
Pasaron más de 20 años. Los recuerdos se confunden en la mente y ya pocos quedan. Menos mal que alguien inventó el Día del Bicicletero, porque así Vicente, vendrá nuevamente a la memoria.